Los rayos del sol acariciaban la antigua mansión mientras Luz descendía del coche con pasos inseguros. Su corazón latía con fuerza y emoción mientras sostenía su vientre. Desde su partida con Nero, habían pasado varios meses.
Ofelia, la fiel sirvienta de la casa, se acercó a ella con los ojos llenos de sorpresa y alegría.
—¡Señora Luz! ¡Ha regresado! ¡Qué alegría verla de nuevo!
Luz sonrió débilmente y asintió.
—Sí, Ofelia. He vuelto. ¿Podrías llevarme a mi habitación? Necesito descansar un poc