Capítulo 82. Los labios que hablan
—Así que, ¿esta es la forma en la que cobras una promesa después de que casi lo perdemos todo?
Adrian se quedó petrificado frente al tocador. En su mano, el cheque por cien millones de dólares que acababa de extender reposaba lentamente sobre la superficie. Sus ojos, afilados, estaban clavados en Aletta, quien acababa de salir del baño, dejando un rastro de aroma a rosas en el aire.
Habían pasado dos semanas desde aquel infierno en la isla. Ahora, se encontraban refugiados en una villa de lujo