Capítulo 86. El regalo de la rival
—¿Estás seguro de que quieres anunciar nuestro matrimonio frente a esas serpientes? —preguntó Aletta una vez más.
Adrian respiró hondo y aflojó un poco el nudo de su corbata. Aun así, sentía el pecho apretado.
Aletta se acercó; sus pasos apenas se oían sobre la gruesa alfombra. Puso las manos con firmeza sobre los hombros de su marido, como si intentara transmitirle calma a través de las yemas de sus dedos.
Su mirada era tan serena, tan distinta a la tormenta que giraba en la cabeza de Adrian.