Capítulo 84. Los nuevos vecinos
—No me imaginé encontrarme con alguien que entienda tan bien el peso del pasado en un lugar tan tranquilo como este.
Anderson se secó el sudor de la frente con una toalla pequeña. El hombre permanecía erguido en el porche, con la respiración serena a pesar de haber completado una hora entera de caminata matutina.
A su lado, otro hombre de edad avanzada y postura igualmente firme sonrió con amplitud. Era el señor Mayer, su nuevo vecino, que se había instalado en la villa al final de la colina.
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