Capítulo 83. La verdadera felicidad
—¡Papá volvió!— La voz rompió el silencio de la sala. Adrian, que acababa de entrar con su traje impecable, se detuvo en el umbral. Arlo, su hijo de dieciséis meses, corrió hacia él con pasos tambaleantes.
El pequeño perdió el equilibrio y cayó, pero se levantó de nuevo con una risita antes de aferrarse con fuerza a las piernas de Adrian.
Adrian soltó su maletín sin pensarlo, se arrodilló y alzó ese cuerpecito entre sus brazos.
—¿Ya caminas bien, campeón?— susurró Adrian, con la voz entrecortad