Capítulo 85. Dormir afuera
—¡Pareces un niño al que le acaban de quitar su juguete favorito, Adrian!
Aletta dejó su taza de té sobre la mesa de porcelana con un golpe seco. Miró a su esposo, que permanecía rígido frente a la ventana, con la mandíbula tensa mientras sus ojos se clavaban en la villa de al lado.
Adrian no se volvió. Cruzó los brazos sobre el pecho, con la espalda contraída mientras veía caer el sol.
—Tengo razones para no confiar en ellos, Aletta —respondió él con frialdad.
—¿Qué razones? ¿Porque era el mej