Darío sonrió ejerciendo más fuerza sobre el agarre, con su pase asegurado al infierno, porque entendió que lo que Livia le había dicho era cierto. Había jodido todo su imperio por una mujer que nunca quiso estar con él, compitiendo con un enemigo que le doblaba con creces en poder y fuerza.
Comprendió que nunca tuvo una posibilidad de ganar y que perdió por nada. Su satisfacción de haberle jodido en gran manera al torturar a su mujer se esfumó tan rápido; no quería morir, y menos en aquellas co