Livia
Sabía desde un inicio del poder que tenía, pero creí que era solo un poco más que el de mi padre, igualándose a la Cosa Nostra. Pero él había llevado a su organización a un nivel todavía más alto, y por eso tenía el respeto de los rusos, quienes se destacaban por su arrogancia al ver a los demás por encima de sus hombres.
Pero a Matteo Vescari lo miraban como a un igual.
—Es normal que no lo sepas, sucedió hace un par de años y tú llevas aquí algunas semanas —regresé mi atención a ella—.