Nápoles, Italia
Los hombres entraron al despacho donde el Capo esperaba noticias. No traían avances, salvo unos discos que le tendieron a Enzo para que los viera por su cuenta.
—Mis halcones confirman que sigue en la fortaleza de La Reggio. Rescatarlo es imposible, señor. A menos que ellos decidan devolverlo, y con esto que enviaron, no creo que sea lo que quieren.
—¡Imbéciles de mierda! —lanzó la botella contra la pared, estallando en mil pedazos.
Metió el disco en el reproductor y se recostó