Livia
El repiqueteo de mis tacones llamó la atención de la gente a mi alrededor; eso y los cuatro hombres detrás de mí. Entraba al banco de Pozzuoli, lugar donde mi hermano guardaba su dinero destinado a sus estúpidas fiestas.
—Bienvenida, señorita Moretti. Hemos atendido su petición, el gerente la está esperando —la vicepresidenta me recibió con un entusiasmo que disimulaba a la perfección el miedo. Era lo que la ambición hacía, y si jugabas bien tus cartas, como ella, todo saldría a la perfec