Livia
Desde la lejanía, vigilábamos la llegada del Sotto Capo a la mansión del golfo. Como lo había previsto, eran sus días de fiesta que duraban día y noche, lo que facilitaba a mi gente infiltrarse entre la gente y acabar con los de seguridad a la vez.
Nos quedaba exactamente media hora. Mi sangre parecía estar en ebullición; necesitaba hacer aquello, darle una probada a mi padre del dolor que me hizo pasar, de las interminables torturas que me obligaba a ver y que yo le haría vivir a Raffael