Livia
Saboreé el apetitoso miembro en mi boca. Sentía su hinchazón y lo duro que se ponía con aquello. Sus gemidos guturales me incentivaban todavía más. Pequeñas lagrimitas salían de mis ojos cuando lo llevaba hasta lo más profundo.
Desde abajo lo observé y ¡maldita sea! la imagen que tenía frente a mí lo era todo. Podría correrme solo de verlo de aquel modo. Era increíble la adicción que sentía, no era para nada sana.
—Ven aquí —ordenó con su voz seductora, palmeando sus piernas—. Voy a folla