Matteo
Las puertas de mi despacho se abrieron y una furiosa mujer entraba con unas fotografías en mano que fueron lanzadas sobre mi escritorio.
—Teníamos un acuerdo, señor Vescari. Debía mantener el perfil bajo durante los meses de la jornada electoral, ahora todo se va a la mierda con lo sucedido en Barletta.
Me recargué sobre la silla de cuero y observé las fotografías sobre la madera. Imágenes de los escombros, cuerpos quemados y el desastre tomado desde las alturas cuando todo ardía.
—Per