Livia
Decirle aquello fue el detonante que necesitó para tomar mis labios con una furia desmedida. No me besaba, me devoraba como una bestia hambrienta. Y me dejé llevar, sin contenerme, contagiándome de la misma voracidad; le correspondí de la misma manera.
Me tomó del trasero, elevándome a la altura de su cadera y obligándome a rodearlo con las piernas, sujetándome con fuerza a su torso. No sé cómo ni cuándo, pero sentí mi espalda chocar contra la pared con él pegado a mi cuerpo, sintiendo su