Mundo ficciónIniciar sesiónMis labios se curvaron sin consultarme y Ronda me acarició la mejilla asintiendo.
—Así me gusta. Saboréalo, que te lo has ganado con creces. Y esta noche, cuando te vayas a dormir, dale las buenas noches y tu bendición. Háblale cuando y cuanto quieras, Risa. Él te escuchará. Y quién sabe, tal vez cuando crezca un poco tú lo escuches a él. Contigo, no me extrañaría.
Le hice caso. Esa noche, como Mael no estaba, Quillan y Sheila vinieron a dormir conmigo. Todavía estaban excitados







