Mundo ficciónIniciar sesiónOlena retrocedió y suspiró fingiéndose fatigada, con una mirada hacia las puertas al otro lado de la sala de estar, que imaginé conducían a la alcoba de Eldric. Él fue en tres pasos hacia una rotonda de sillones y agitó la campanilla que descansaba en la mesita en medio de los asientos. Las puertas al corredor se abrieron de inmediato para dar paso a una de las sirvientes, una mujerona alta y corpulenta de más de cincuenta años.
—¿Dónde quieres alojarlos, querida? —le preguntó Eldric a







