Mundo ficciónIniciar sesiónMis paseos por el bosque habían quedado olvidados cuando quedé a cargo de Mael, y con un brasero en nuestra habitación, no había advertido que la temperatura había descendido tanto en esas semanas.
Y esa noche no sólo soplaba un viento helado del norte, sino que también llovía aguanieve, gotas blancuzcas enormes y pesadas que golpeaban más que caer.
Por suerte, Olena tenía una variada colección de mantos de piel, y me obsequió uno grueso y abrigado para el viaje. En algún moment







