Mundo ficciónIniciar sesiónAl menos Olena había dispuesto que montaran una tienda pensada para Mael y para mí. Gruesa y resistente al agua como las demás, no tenía más corrientes de aire que las inevitables, y el suelo estaba cubierto por una alfombra gorda que nos aislaba de la tierra mojada.
Teníamos ropa limpia para cambiarnos, dos cubetas de agua fresca y buenas mantas en los jergones de paja, con dos braseros entre ellos que se notaba que llevaban una o dos horas encendidos para caldear el ambiente.







