Mundo ficciónIniciar sesiónAquella mañana fue un oasis en medio del infierno.
Sin dejar de besarme, Mael me alzó en sus brazos y me cargó a depositarme en su cama, tendiéndose a mi lado.
Sabía que si alguien llegaba a vernos, seguramente Olena ordenaría mi muerte.
Pero en ese momento no podía importarme menos.
Había visto demasiadas veces a Mael con ella, y de inmediato me di cuenta que su conducta era radicalmente diferente. Aun sin decir palabra, con su mente aún encerrada en un hermético







