Mundo ficciónIniciar sesiónLas dos rubias llegaron con otras dos para cargar todo lo que traían, además de escobas, cepillos y otros elementos de limpieza.
—Tiendan la cama y dejen lo demás. Ya podrán limpiar por la noche, cuando nosotros estemos con su Majestad —les dije.
Asintieron al borde de una sonrisa de alegría. Mientras trabajaban, puse agua a calentar en el brasero y recogí toda la ropa de Alfonse, que prometieron devolver lavada al día siguiente. Mael no se había movido siquiera.
Con la e







