Mundo ficciónIniciar sesiónCrucé la habitación intrigada, y al abrir la puerta me encontré una rubia con una bandeja de comida. Me la entregó en silencio, como solían hacer todo las rubias a menos que sus señoras les dirigieran la palabra, y se marchó con una inclinación de cabeza al pasar frente a la centinela apostada en el corredor. Era una pálida aspirante a amazona, que de momento cumplía con esas tareas de vigilancia que ninguna blanca se rebajaba a hacer, a menos que Olena lo ordenara expresamente.
Cerré







