Mientras el expolicía presentaba las grabaciones con la voz de Damián, el inspector comprendió que ya no podía hacer nada por él, sus manos estaban atadas. Las pruebas eran demasiado contundentes y muchas personas estaban ya involucradas en el caso. No había margen para maniobrar. Mientras el exagente continuaba exhibiendo las evidencias, el inspector se dirigió a la sala de interrogatorios donde se encontraba Damián y con frialdad le preguntó:
— ¿Conoces a Aquiles?
Damián frunció el ceño y