El silencio que siguió fue un vacío. Un silencio tan profundo, tan absoluto, que se sentía como una presión física, un peso sobre nuestras propias almas. La conciencia analítica del dios se había reiniciado, su mente fría y calculadora ahora clara, su enfoque agudo y aterradoramente preciso. Tenía un nuevo plan. Tenía un nuevo objetivo.
Y estaba llamando a su amo.
Sentí al Guardián antes de poder verlo. Lo sentí en el súbito, agudo y frío terror que era más aterrador que cualquier rugido. Era u