El silencio que cayó en la sala del consejo después de la palabra susurrada por la joven loba fue un silencio pesado, sofocante. Era el silencio de un mundo al que acababan de decirle que su pesadilla no había terminado. El nombre, Syzygy, quedó suspendido en el aire, como un veneno sin olor, un sonido sin origen, pero que me heló los huesos más que cualquier invierno.
La mano de Ronan era un peso caliente y posesivo sobre mi hombro, anclándome, pero podía sentir el ritmo frenético y atrapado d