El mundo era una pintura congelada y silenciosa.
El cuerpo de Mira yacía desplomado sobre el suelo de madera pulida, una muñeca rota en una habitación llena de estatuas conmocionadas. El olor de su sangre era una nube cobriza, pero debajo de ella podía oler el tenue y afilado aroma de la daga de Vigo. El olor de su crimen perfecto y oculto.
Ronan estaba de pie sobre ella, su cuerpo rígido de confusión y de un horror que apenas empezaba a entender. Sabía que no lo había hecho. Tenía las manos lev