Las palabras de la Sanadora fueron una piedra lanzada a un estanque en calma.
Las ondas de silencio se extendieron, tocando a cada lobo en la habitación.
Durante un largo y tenso momento, el único sonido fue el lento y constante latido del corazón de Lyra: un tambor firme e inmutable en una sala llena de ritmos frenéticos y asustados.
—El guardia está mintiendo.
El primero en reaccionar fue el anciano Cai, su voz fina cargada de indignación.
—Lyra, esta es una acusación grave. Esto es una audi