La historia no había terminado. Una nueva estrofa estaba a punto de comenzar.
La decisión de Elina no fue recibida con aclamación universal. En la plaza de la aldea, se mantuvo firme ante el consejo de ancianos, con la pluma multicolor sostenida con suavidad en su mano. Mara, la cuentacuentos, escuchaba con una expresión paciente y triste.
—El Hueco de los Lamentos es una cicatriz, niña —dijo Mara con dulzura—. Un recordatorio del gran silencio que vino antes. No vamos allí. Honramos el sacrifi