El zorro del amanecer se movía con un propósito inquietante. No trotaba ni correteaba como una criatura normal; fluía, como un río de color viviente contra el paisaje muerto y gris. Nunca miraba atrás, confiando en que lo seguirían. ¿Y qué otra opción tenían?
El viaje hacia el este fue un descenso a una nueva clase de infierno. El mundo no solo estaba perdiendo su color; estaba perdiendo su significado. Pasaron por un bosque donde cada árbol era un cilindro perfecto y sin rasgos, todos del mism