Pero no llegó.
En su lugar, escuché un nuevo sonido.
Un rugido bajo y poderoso.
Era un sonido que sacudió la tierra bajo mis pies. Un sonido que prometía violencia, muerte y dolor.
El lobo frente a mí soltó un aullido aterrorizado.
Escuché el golpe sordo de un cuerpo cayendo al suelo. Una lucha breve, violenta. Un último gemido ahogado.
Y luego, silencio.
Me quedé allí, con el corazón desbocado, el cuerpo congelado por el miedo. Pude oír un nuevo latido. Era lento. Firme. Poderoso.
Era un sonid