La plaza estaba llena de ruido.
Era algo físico, una presión contra mi piel. Cientos de latidos, todos sonando al mismo tiempo. Un murmullo bajo de conversaciones, el agudo tintinear de las risas, el suave roce de telas costosas. El aire estaba cargado con el olor de las flores, el perfume y la carne asada.
Mantuve mi mano sobre la pared de piedra rugosa del edificio, mis dedos trazando el mortero entre las grietas. Era mi guía. Mi ancla. Caminé despacio, con cuidado, la cabeza baja, los pies d