El zorro del amanecer nunca se cansaba. Se movía con un paso constante e inexorable, una mancha vibrante de color imposible en un mundo que se desvanecía hacia el monocromo. Durante dos días lo siguieron. El paisaje se volvía progresivamente más alienígena y horroroso. Las colinas se transformaron en montículos lisos y sin rasgos. Los valles perdieron su definición, convirtiéndose en llanuras planas y uniformes. El mundo estaba siendo lijado, su historia y su carácter fregados por una fuerza in