El silencio que siguió a la sinfonía fue más pesado y profundo que cualquier otro anterior. Era el silencio de un aliento contenido, el asombro silencioso de los mortales que acababan de presenciar a los dioses afinar sus instrumentos. Los Tejedores de Ecos permanecieron de rodillas durante mucho tiempo, con los rostros empapados en lágrimas y sus voces susurrantes acalladas mientras procesaban la canción estructurada que acababan de experimentar.
Lyra, la cantante, se sentó con las piernas cru