El silencio que siguió a la retirada de la manada Luna Plateada fue más pesado que un sudario. Estaba cargado de palabras no dichas, de la energía atónita de dos manadas, y del fantasma del beso de Ronan aún ardiendo en mis labios. Su mano permanecía como un peso firme y posesivo en la parte baja de mi espalda, una declaración silenciosa de que la reclamación no había sido revocada.
El camino de regreso a la guarida fue un viaje extraño y desorientador. Los guerreros de Shadow Fang se movían a