Lorenzo Bellini presentó la estructura en cuarenta minutos.
Franco los contó.
No por impaciencia. La impaciencia era un lujo que no podía permitirse. Contar era otra cosa: una forma de ordenar en la cabeza la diferencia entre lo que podía controlar y lo que no. Cuarenta minutos era tiempo real. Tiempo en que Lorenzo Bellini, sentado al otro lado de la mesa del apartamento del Jardín Exotique con tres carpetas abiertas y la voz de alguien acostumbrado a que las instituciones le respondieran, le