La rabia llegó esa noche.
Durante la reunión, Franco había sido funcional para administrarla. Había escuchado a Lorenzo, aceptado la estructura legal, dado instrucciones a Damián y permitido que Lucía coordinara la ruta con el notario sin convertir el costo personal en ruido operativo. Sabía hacerlo: separar la emoción del movimiento y dejar que el cuerpo absorbiera lo que la estrategia no podía mostrar.
Pero a las once y media, cuando el apartamento del Jardín Exotique quedó vacío salvo por Adr