El aviso llegó a las once y media de la noche a través de Damián, que llamó a la puerta del segundo piso con dos golpes precisos y le dijo que se pusiera algo oscuro y de abrigo, algo cómodo: no había prisa, pero sí poco tiempo.Adriana eligió del armario sin encender la luz principal. Pantalón oscuro, jersey, las zapatillas que más se acercaban a calzado funcional entre las prendas de talla aproximada. Se preguntó, no por primera vez, quién había calculado esas tallas. También si Bianca había tenido algo que ver con aquella lista de compras, y descartó la idea enseguida: no tenía respuesta verificable, y las preguntas sin respuesta verificable eran un gasto de atención que no podía permitirse.Bianca. El nombre llevaba horas ocupando espacio periférico en su cabeza con la obstinación de las cosas que no se nombran pero no desaparecen. La mirada en el umbral de la cocina. La forma en que había dicho habías salido, con el tono de quien cree tener derecho al itinerario.Adriana bajó las
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