Los médicos llegaron el primer y el tercer día.
El primero tenía la cortesía profesional de los hombres que tratan a mujeres jóvenes de familias ricas: cuidadosa, apenas más gentil de lo necesario, calculada para inspirar confianza sin producirla del todo. El segundo llevaba un cuaderno pequeño y escribía con una letra que Adriana alcanzó a leer desde el ángulo correcto en tres palabras sueltas: afecto, residual, supervisado.
Supervisado era la única que importaba.
Entre una visita y otra, Beat