Félix se quedó paralizado, con la última pizca de esperanza agonizando en sus ojos, dejando solo un pozo negro e insondable de desesperación.
Amaro dio el último paso, acortando la distancia entre ellos.
—Déjame explicarte algo —dijo con voz tranquila y pedagógica, como la de un profesor con un alumno lento—. Si te hubieras callado, si hubieras aguantado la paliza y hubieras muerto sin decir palabra para proteger a tu Don, te habría respetado. Lo habría acabado rápido, por ti y por ellos. La mu