Punto de vista de Aria
El mundo estalló en ruido. Me desperté con la explosión más fuerte que jamás había oído, una onda expansiva que sacudió la habitación con tanta fuerza que pensé que las paredes se derrumbaban. El polvo de yeso se elevaba del techo. Abrí los ojos de golpe y de inmediato escudriñé el estudio de Valente. La pequeña cama al otro lado de la habitación estaba vacía. Él se había ido.
Por un segundo, desconcertante, pensé que era una pesadilla. Entonces el sonido volvió a sonar: no una sola explosión, sino una ráfaga incesante de ellas, mezclada con el claro y rápido crujido de los disparos. Estuvo cerca. El corazón me latía con fuerza contra las costillas, un ritmo frenético y de pánico. Me levanté del sofá a toda prisa, torpe por el sueño y el peso del vientre. Corrí hacia la ventana, descorriendo la pesada cortina lo justo para mirar hacia afuera.
Caos. Caos puro y puro. Los jardines bien cuidados eran una zona de guerra. Hombres vestidos con equipo táctico negro inv