**ARIA**
—Vamos a estar bien —dije.
No respondió inmediatamente. Su mano permaneció en mi espalda, sus dedos trazando lentos círculos contra mi columna.
—Quiero creerlo —dijo al fin.
Me aparté lo suficiente para mirarlo.
—Entonces créelo.
Me observó. Más tiempo esta vez. Como si estuviera intentando decidir si podía. Como si estuviera sopesando la esperanza contra el miedo, la posibilidad contra la certeza.
Luego asintió ligeramente. No del todo convencido. Pero tampoco rechazándolo.
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A la