Nadia.-
Bajaba las escaleras después de tomar mi desayuno en la habitación y rápidamente mis ojos captaron el revuelo que había en la mansión, en la entrada estaba Desmond dando órdenes a tres hombres.
— Desmond –llamé haciéndolo girar, su mirada se suavizó. – ¿pasa algo?
— Señora buen día, ¿descansó bien?
— Sí… ¿Dónde está Emil? Dijo que comenzaríamos mi entrenamiento temprano –cruzo mis brazos frente a mi pecho.
— Uhm… el señor salió, pero estoy seguro que no tarda.
— ¡¿Es una broma?! An