Las luces del club lo convierten en una jaula en claroscuro que delimita el placer y las perversiones que en algún momento dejan salir las personas de sus guaridas internas. Las chicas bailan alrededor, la música sugerente invita al desenfreno y cada curva en movimiento lleva a vivir una aventura. A desnudar los más oscuros deseos dentro de cualquiera de las jaulas improvisadas colgadas del techo del recinto.
Pero Nicolay no ve nada de eso, solo se fija en el cuchillo que se encuentra cerca de