La noche cae sobre Manhattan como una cortina de terciopelo. Pero Nicolay piensa que opacará esa perfección con la maldad que lo ha cubierto desde que heredó ese mundo. Su mundo. Las luces de la ciudad parpadean en la distancia, pero dentro de la mansión Romanov, todo está perfectamente calculado. Acompañado de esa sobriedad que le queda de ella… de Isvetta. La única mujer que ha amado. La mesa está servida. Candelabros encendidos. Música suave. Y en el centro, una sola silla vacía frente a un