— ¡Ay, por el amor de Dios, Milord! —le gritó Clarisse a un Duque que se había quedado rezagado unos pasos atrás—. Usted mismo se ha jactado de ser un… ¿cómo fue la palabra que usó?
— ¡Un semental, Milady, un semental! —expuso Mason sin aliento, alcanzándola finalmente en la cima de la colina que ella misma había sugerido por ser su lugar especial—. Y no dude que lo soy, pero esta canasta pesa una tonelada y no veo a Milady con muchas ganas de ayudarme con ella —se quejó, y ella rió de buena ga