Salió en busca de su tía luego de la interesante plática que sostuvo con el joven Albert. Pensó también en la noche anterior, en su necesidad de ver a Clarisse, pero sobre todo en el anhelo de que fuera su esposa. Negó, sintiendo el deseo correr de nuevo por todo su cuerpo, y tuvo que detenerse por un momento para obligarse a sosegar lo que sentía cuando vio pasar la misma silueta que había quedado grabada en su mente junto al lascivo acto que presenció la noche anterior. Los rizos dorados y el