— ¡Bravo! —Charles aplaudió con lágrimas en los ojos ante una asustada Viviane—. ¡Fastuoso, magnífico! —Se secó sus lágrimas teatrales frente a la respiración agitada de la joven, sin llegar a perderse ninguna de las emociones que pasaban por sus hermosos ojos verdes.
— ¡Jesús de todos los santos, qué susto me ha dado, Lord Bennett! —El hombre sonrió encantador, ladeando la cabeza y dejando ver su cuestionamiento silencioso—. Es usted el primo de Su Excelencia, el Duque de Cambridge.
— Así es,