Soledad y sufrimiento…
Eso era lo que acompañaba a Clarisse desde el momento en el que dejó al Duque en la terraza de la mansión Morrison, tras sentir el dolor punzante de arrancarse la sortija del dedo para romper el compromiso. Ese había sido el ultimátum que le había lanzado Charles Bennett para dejar a su hermana en paz: debía romper con Mason o, de lo contrario, se llevaría a Viviane. Ella prefirió el bienestar de su hermana por sobre su propia felicidad, porque eso hace una hermana mayor;