— Creo que una señorita de sociedad no debería estar tomando copas de hombre —la voz de una mujer clamó a espaldas de Clarisse—, si alguien la delatara, sería un escándalo…
Era una voz suave, melosa y descarada a su parecer, ya que sin mirar la expresión de la fémina se notaba la burla. La joven giró para encontrarse con una desconocida que vestía un traje poco recatado de color púrpura y con un escote revelador.
Mundano.
— ¡Mil disculpas si la he ofendido, Milady! —expresó Clarisse con toda la