Capítulo 86 —El duelo que miente
Narrador:
La casa volvió a sentirse pequeña cuando empezaron a moverse.
No era por el tamaño real del lugar, sino por la cantidad de decisiones que entraron de golpe, como si el aire se hubiera llenado de órdenes, de pasos firmes, de miradas que medían distancias y riesgos. La finca modesta de Esteban, esa que siempre había olido a tierra y café recalentado, ahora olía a algo más: a operativo.
Dinorah fue la primera en marcar el ritmo. No alzaba la voz, no hacía