Capítulo 82 —La puerta equivocada
Narrador:
La noche cayó de golpe, como si alguien hubiera apagado el campo con una mano.
No hubo atardecer lento ni transición amable: la luz se fue y lo que quedó fue un silencio espeso, lleno de grillos, de viento rozando los árboles y de esa oscuridad que en las zonas rurales no se parece a nada de ciudad. No era una sombra; era un manto. Un recordatorio de que, si te pasa algo, nadie lo ve.
Eloísa llevaba rato despierta, aunque el cansancio le pesaba en los